Maximiliano Budán, doctor en Ciencia de la Computación, especialista en Inteligencia Artificial y docente e investigador de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnologías de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), expuso detalles sobre el impacto cognitivo, social y físico que genera el uso desmedido de los dispositivos móviles.
De acuerdo con estudios neurológicos y neurolingüísticos señalados por el especialista, el consumo digital en la Argentina alcanza un promedio diario de entre 9 y 9,5 horas frente al teléfono móvil en la población adulta. En tanto, en el segmento de los adolescentes, la permanencia frente a las pantallas se incrementa hasta llegar a las 12 horas por día.

Esta exposición continua a los dispositivos interrumpe los espacios de encuentro familiar, deteriora la interacción cara a cara y afecta directamente la capacidad reflexiva de las personas. Al respecto, Budán remarcó que la tecnología no debe abordarse desde una mirada trágica o catastrofista, sino desde la necesidad de generar un sentido crítico para evitar delegar el pensamiento en los algoritmos. «Un martillo sirve para construir cosas buenas, pero también para hacer cosas malas; el tema es para qué lo usamos y en dónde metemos los dedos», graficó el docente.
Por último, se advirtió sobre la gravedad del cuadro en las infancias, donde la entrega temprana de teléfonos a niños de entre 8 y 9 años —con consumos de 3 a 5 horas diarias de pantalla— interfiere en etapas clave del desarrollo biológico, intelectual y emocional, desplazando el juego, la socialización y el ocio formativo. Además, los diagnósticos científicos y educativos ya reflejan consecuencias en la salud física e intelectual de las nuevas generaciones.















